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Archive for 3 abril 2007

Violencia hacia la mujer (I)

Adriana Mújica M.

 

Igual que cada año, desde hace bastantes ayeres, se conmemorará este 25 de noviembre el Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres.

El problema es que parece que sigue existiendo gente que pone cara de sorpresa al enterarse de que esa conmemoración internacional existe. Y bueno, no se diga algunas personas (incluso mujeres) que hasta son capaces de inquirir ¿Y para qué? ¿Por qué un día especial sobre eso?

Es por ello que he tomado este tema para escribir varias colaboraciones, en el marco de los 16 días de activismo internacional (del 25 de noviembre al 10 de diciembre) de manera que nos demos cuenta de qué tipo de problemática se está hablando y, por supuesto, podamos hacer algo para erradicarla.

Para iniciar ésta serie, creo muy conveniente, como dicen, empezar por el principio. Y eso puede ser la historia por la que se eligió esa fecha.

Corría el 25 de noviembre de 1960, cuando Minerva y María Teresa Mirabal fueron a visitar a sus respectivos esposos a la cárcel, en compañía de su hermana Patria.

En el camino fueron interceptadas, en un lugar solitario, por agentes del Servicio Militar de Inteligencia quienes las condujeron a un cañaveral próximo donde las hermanas Mirabal fueron objeto de las más crueles torturas, antes de ser víctimas de lo que se ha considerado el crimen más horripilante de la historia dominicana. Cubiertas de sangre, destrozadas a golpes y estranguladas, fueron puestas nuevamente en el vehículo en el que viajaban y arrojadas a un precipicio, con la finalidad de simular un accidente.

Las hermanas Mirabal nacieron en la sección Ojo de Agua, provincia de Salcedo, República Dominicana. Las condiciones de vida que se daban en el país y la zona donde vivieron, consecuencia del dominio estadounidense y el atraso de las relaciones de producción, determinaron su sensibilidad frente a los agudos problemas sociales. La participación activa de las hermanas Mirabal en la lucha contra el entonces presidente Trujillo les ganó la fama de revolucionarias, motivo más que suficiente para que en cierta ocasión Trujillo manifestara ante un grupo de personas que sus dos únicos problemas eran las hermanas Mirabal y la Iglesia.

Las tres hermanas cayeron por la violencia del régimen de Trujillo, quien durante 30 años mantuvo al pueblo dominicano en el atraso, en la ignorancia y el caos. En 1960, el pueblo dominicano descontento y harto ya de una dictadura tan larga, todos los días llevaba a cabo luchas callejeras contra las fuerzas militares represivas que sostenían al dictador.

Más de veinte años después, en 1981, las participantes en el Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se llevó a cabo en Bogotá, aceptaron la solicitud de la delegación de República Dominicana que proponía que se designara el 25 de noviembre como “Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres” para, de esta forma, rendir homenaje a las hermanas Mirabal: Minerva, Patria y María Teresa. Además de convertirse en una conmemoración de denuncia sobre la violencia hacia todas las mujeres.

Las hermanas se han convertido en símbolo de la resistencia, tanto popular como feminista. Sus vidas han sido conmemoradas en poemas, canciones, libros y películas. En la década de los noventa, la escritora dominico-americana Julia Álvarez titula su novela basada en la vida de las hermanas Mirabal,”Tres heroínas y un tirano”. De este libro se hizo en el año 2000 una película “En el tiempo de las mariposas” cuya protagonista, entre otras, fue Salma Hayek. El Director de la película fue el español Mariano Barroso.

Años más tarde, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y ha invitado a los gobiernos, a las organizaciones internacionales y a las organizaciones no gubernamentales a que organicen ese día actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública respecto del problema de la violencia contra la mujer (resolución 54/134, del 17 de diciembre de 1999).

Así, a partir de 1999 cada año se realiza esa conmemoración con la finalidad de crear conciencia sobre la violencia contra mujeres y niñas a la par de reflexionar sobre como esa violencia es uno de los obstáculos más perturbadores y prevalecientes, además de los altos costos económico y social. También motivar a que todos los países miembros de la ONU ratifiquen las convenciones, acuerdos y/o declaraciones que hubieran suscrito para desarrollar cambiar e implementar leyes y políticas para combatir la violencia de género. Y, apoyar y fortalecer redes, organismos públicos y privados, así como programas que trabajan en la erradicación de la violencia contra mujeres y niñas.

* * *

Violencia hacia la mujer (II)

Adriana Mújica M.

 

Y ya que cerrábamos la anterior colaboración hablando de la importancia de que los países ratificaran las convenciones, acuerdos y/o declaraciones que hubieran suscrito para desarrollar cambiar e implementar leyes y políticas para combatir la violencia de género, así como para apoyar y fortalecer redes, organismos públicos y privados, e implementar programas que trabajen en la erradicación de la violencia contra mujeres y niñas, pues no encuentro nada mejor que presentarles algunas partes de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer denominada “Convención de Belem Do Pará”

Vale la pena resaltar que México la firmó el 6 de junio de 1995 y la ratificó el 26 de noviembre de 1996. En nuestro país entró en vigor en diciembre 13 de 1996.

En su Artículo primero señala que, para los efectos de la Convención, debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.

En el segundo Artículo señala que cuando se habla de violencia contra la mujer se incluye la violencia física, sexual y psicológica.

Por supuesto que la Convención señala, hasta el cansancio, que toda mujer tiene derecho a una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado., así como el derecho al reconocimiento, goce, ejercicio y protección de todos los derechos humanos y las libertades consagradas por los instrumentos regionales e internacionales sobre derechos humanos. Estos derechos comprenden entre otros: el derecho a que se respete su vida; el derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral; el derecho a la libertad y seguridad personales; el derecho a que se respete su dignidad inherente a su persona y que se proteja a su familia; el derecho a igualdad de protección ante la ley y de la ley; y el derecho a un recurso sencillo y rápido ante los tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos.

Además, subraya que el derecho de toda mujer a una vida libre de violencia incluye el derecho de la mujer a ser libre a toda forma de discriminación y el derecho de la mujer a ser valorada y educada libre de patrones estereotipados de comportamiento y prácticas sociales y culturales basadas en conceptos de inferioridad y subordinación.

Una vez señalados estos conceptos, la Convención establece que los Estados participantes (países que la han ratificado) condenan todas las formas de violencia contra la mujer, convienen en adoptar por todos los medios apropiados y sin dilaciones políticas, orientadas a prevenir, sancionar y erradicar dicha violencia y en llevar a cabo lo siguiente: Abstenerse de cualquier acción o práctica de violencia contra la mujer y velar porque las autoridades, sus funcionarios, personal y agentes e instituciones se comporten de conformidad con esta obligación; actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer; incluir en su legislación interna normas penales, civiles y administrativas, así como las de otra naturaleza que sean necesarias para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer y adoptar las medidas administrativas apropiadas que requiera el caso; y adoptar medidas jurídicas para conminar al agresor a abstenerse de hostigar, intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer de cualquier forma que se atente contra su integridad o perjudique su propiedad.

Y bueno, tras esta somera introducción a la Convención de Belem Do Pará, no queda más que preguntarse por qué México no ha cumplido ni con la mínima parte de lo señalado en los 10 años que se han cumplido de la fecha en que ratificó este importantísimo documento internacional.

Quizá la respuesta pareciera sencilla a simple vista y algunos traten de justificar la situación con pretextos como que adaptar todas las leyes para que cumplan con lo antes señalado no es cualquier cosa. Incluso, habrá quien quiera justificar el asunto diciendo que las Cámaras no se han dedicado a lo que les compete: legislar.

Pero la verdad es que parece ser que, en realidad, el Estado mexicano (en sus diferentes poderes) no tienen ningún interés en llevar a cabo todo lo planteado porque se trata de un Estado absolutamente patriarcal al que no sólo no le gusta eso de la equidad sino que hasta le es útil en algunos sentidos tanto la inequidad como la violencia hacia la mujer.

Pensemos, por ejemplo, en el caso de las mujeres de Atenco que sufrieron una terrible violencia de Estado.

Si nuestro Estado fuera respetuoso de la Convención no sólo nunca hubiera permitido que sus “representantes” violentaran a las mujeres sino que, si alguno se hubiera atrevido a ello, ahora estarían ellos en prisión en lugar de esas mujeres.

Por lo tanto, lo que queda claro es que al estado mexicano le sirve la violencia contra la mujer (y el ejercicio activo de ella) para someter a las mujeres que muestran una rebeldía en contra de los cánones establecidos por el sistema.

Lo mismo podemos observar en el caso de la compañera Lydia Cacho que no sólo sufrió la violencia de los cómplices de una Red de Pederastas, sino que estos contaron con la complacencia y el apoyo del Estado (el gober Marín, el MP y hasta la jueza)

Pero casos como esos no son los únicos que vivimos a diario en nuestro México a pesar de las Convenciones signadas por nuestro país.

El asunto, entonces, es ver cómo podemos hacer para que no sean cosas que se queden plasmadas en papel sino que sean llevadas a los hechos.

Y eso, según la experiencia internacional, depende de la sociedad civil organizada que exija a sus representantes el cumplimiento pues, de otra manera, si del sólo Estado depende tanto esa Convención como muchas otras cosas podrían quedarse durmiendo el sueño de los justos eternamente, en algún archivo o hasta siendo presumidos en una vitrina sin que se haga nada al respecto.

 * * *

Violencia hacia la mujer (III)

Adriana Mújica M.

 

Para continuar con la serie sobre el tema, me parece apropiado transcribir las “modalidades de la violencia” que se plasmaron en la iniciativa de “Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia”, que está esperando su aprobación en el Senado de nuestro país.

Los divide en cuatro rubros: Violencia familiar; Violencia sexual; Violencia en la comunidad; Violencia de estado y Violencia feminicida.

Violencia Familiar: Es aquel acto de poder u omisión intencional, cíclico, dirigido a dominar, someter, controlar, o agredir de manera física, verbal, psico-emocional, sexual o patrimonial, a cualquier miembro de la familia, dentro o fuera del domicilio familiar, que tengan parentesco consanguíneo, civil, matrimonio, concubinato o que mantengan una relación de hecho, y que tiene por efecto causar daño, y que puede ser de cualquiera de las siguientes clases:

a) Maltrato Físico: Todo acto de agresión intencional, en el que se utilice alguna parte del cuerpo, algún objeto, arma o sustancia para sujetar, inmovilizar o causar daño a la integridad física de otro, encaminado hacia su sometimiento y control;

b) Maltrato Psicoemocional: Al patrón de conducta consistente en actos u omisiones repetitivos, cuyas formas de expresión pueden ser: prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas, actitudes devaluatorias de abandono y que provoquen en quien las recibe, deterioro, disminución o afectación en las áreas de la personalidad;

c) Maltrato Sexual: Al patrón de conducta consistente en actos u omisiones reiteradas y cuyas formas de expresión pueden ser inducir a la realización de prácticas sexuales no deseadas o que generen dolor, practicar la celotipia para el control, manipulación o dominio de la pareja y que generan un daño; en tanto no exista una denuncia penal;

d) Maltrato Patrimonial: Los actos de control y manejo sobre los bienes muebles o inmuebles del receptor de violencia, así como la retención, destrucción o sustracción de objetos, valores o documentos personales de éste.

Violencia Sexual: Se entiende por violencia sexual, al patrón de conducta consistente en actos u omisiones que atente o limiten el derecho a la libertad y seguridad sexual de las mujeres, en el ámbito público y privado independientemente de quien la perpetre.

La violencia sexual que se ejerce contra las mujeres incluye la que constituye un ilícito previsto y sancionado en los ordenamientos penales federal y local, generalmente bajo el rubro de delitos sexuales, así como las conductas que integran maltrato sexual y que en algunos ordenamientos son infracciones administrativas, así como aquellas que se comprendan en tratados y/o convenciones internacionales que nuestro país ha suscrito y ratificado.

Violencia en la Comunidad: La violencia que se ejerce en la comunidad por diversos actores sociales individualmente y/o colectivamente limitan la autonomía física y/o sexual de las mujeres en la casa, la vía pública, la escuela o el trabajo y su seguridad está en riesgo. La cual fomenta su discriminación, marginación y exclusión del ámbito público, motivo por el cual la presente Ley buscará su erradicación. El hostigamiento sexual es la forma de violencia donde se aprecia el ejercicio del poder, la coerción social y el control y puede presentarse en el ámbito familiar, escolar y laboral. En estos dos últimos se aprecia que son expresiones de la violencia social en la comunidad, donde los estereotipos sexuales favorecen estas acciones, partiendo de una disponibilidad sexual de las mujeres en estos espacios.

Violencia de Estado: Las acciones, prácticas u omisiones que realice a través de sus autoridades, funcionarios, personal y agentes pertenecientes a cualquier institución pública, que dilaten, obstaculicen o impidan que las mujeres accesen a los medios o políticas públicas que eliminen las diferentes modalidades de la violencia, de conformidad a lo establecido por el artículo 7 de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. El Estado Mexicano es responsable solidariamente de la acción u omisión de sus servidores públicos de la federación, de las entidades federativas, del Distrito Federal y de sus municipios en torno a la violencia. Consecuentemente deberán de abstenerse de incurrir en todo acto o práctica de discriminación, de acuerdo con el artículo 2°, inciso “D” de la Convención.

Violencia Feminicida: La forma extrema de violencia de género contra niñas y mujeres que de manera sistemática lesiona los derechos humanos de éstas en el ámbito público y privado, cuya escala puede llegar al homicidio.  Teniendo como común denominador el género de las víctimas en un ambiente ideológico y social adverso a las niñas y mujeres, caracterizado por ausencia de normas jurídicas y políticas públicas de protección a éstas, que genera consecuentemente condiciones de inseguridad y pone en riesgo la vida.

Como se puede apreciar, desafortunadamente, pocas mujeres pueden levantar la mano y decirse ajenas a cualquiera de este tipo de violencia. De hecho, la encuesta sobre violencia que se realizó el año pasado, señala que en nuestro país, cinco de cada diez mujeres indicaron que han sufrido algún tipo de violencia y cuatro de cada diez señalaron que la siguen viviendo cotidianamente.

En ese contexto ¿todavía a alguien le parece extraño que exista el Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres?

* * *

Violencia hacia la mujer (IV)

Adriana Mújica M.

 

Regresemos a las mujeres de Atenco y leamos sus testimonios sobre la violencia de Estado que sufrieron.

“El día 4 de mayo fui detenida por la mañana. (…) Me tiraron al suelo e igualmente me golpearon, con patadas, con puñetazos, con los toletes y las macanas. Me jalaban el cabello, me pisotearon, después me levantaron y entre empujones y golpes me subieron boca abajo en una camioneta de la policía.(…) Al subirme al camión (autobús) me di cuenta que adentro de este estaban golpeando a todos, a mi entre golpes, insultos y empujones me comenzaron a manosear, primero los glúteos, luego a frotarme encima del pantalón, me tocaban los senos y luego metieron sus manos debajo rompiéndome el sostén y causándome gran irritación en los pezones.(…)No podíamos movernos, si nos movíamos nos golpeaban. Hemos pedido hacer las denuncias, pero no nos han hecho caso.”

El día 3 de mayo, “a las mujeres nos decían que nos iban a violar como putas que éramos. Había una valla de policías afuera. Me obligaron a agacharme. Nos iban pateando. No podía ver nada. Nos sentaron de cuclillas en la calle. Vi a mi esposo en ese momento. Iba sangrando. Le seguían pegando”. Después, un policía dijo “ya no los golpeen. Ya llegaron los medios”. Posteriormente la subieron al autobús junto con los otros detenidos. El autobús era grande. Iba agachada totalmente y no veía nada. Según su testimonio, se le acercó una mujer policía quien le robó el celular y objetos personales. A otra mujer que iba con ella la obligaron a cantar. Durante el trayecto al penal, un policía le metió la mano en los senos y los glúteos. Los policías iban repitiendo “por sus mamadas nos tuvimos que quedar”.

“Fui detenida en una casa en San Salvador Atenco el día 4 de mayo”. Le cubrieron el rostro y al igual que el resto de las personas que estaban allí la obligaron a poner las manos en la nuca y a sentarse en la banqueta de la calle. “Lo único que veía eran las botas de los policías. Empezaron los golpes en la cabeza con los toletes. Luego me hicieron pasar por una valla de policías mientras me amenazaban con matarme a mi y a mi familia”. Fue llevada a un vehículo de la policía tipo autobús mientras le propinaban patadas. “Dentro del vehículo había una pila de personas acostadas y esposadas. Los policías estaban caminando sobre la pila de personas”. Según su testimonio, los policías que estaban en el interior del vehículo la arrastraron hasta el asiento trasero y le desgarraron la ropa interior. Le bajaron los pantalones hasta los pies y le subieron la camiseta hasta la cabeza no pudiendo ver nada. Un policía le golpeó los glúteos mientras recibía amenazas de muerte y violación. Posteriormente al menos tres policías le pellizcaron los pezones y le apretaron fuertemente los senos. Los tres la violaron con los dedos. Durante todo el trayecto la obligaron a permanecer desnuda con la cabeza pegada al asiento y los glúteos levantados. “Escuchaba a las personas que me violaron. Estuvieron conmigo todo el rato. Cuando se les ocurría me volvían a golpear”.

Según el testimonio de otra joven detenida el 4 de mayo en San Salvador Atenco, una vez en el autobús: “me ordenaron bajar la cabeza sobre un charco de sangre, yo no quería poner mi cabeza en la sangre y la bota negra de un policía sobre mi cabeza me obligó a hacerlo. La camioneta encendió motores y en el camino fui manoseada por muchas manos de policías, yo sólo cerré los ojos y apreté los dientes esperando que lo peor no sucediera. Con mis pantalones abajo, la camioneta se detuvo y se me ordenó bajar, torpemente baje y una mujer policía dijo:’a esta perra déjenmela a mi’ y golpeó mis oídos con las dos manos”.

Dicen que como muestra basta un botón y aquí hay cuatro.

Pero más allá de la violencia sexual vivida por las mujeres detenidas en Atenco, la violencia de Estado ejercida contra ellas cubrió otro aspecto vital: la denegación de justicia.

Los testimonios hablan por sí mismos:

Una de las mujeres señaló a AI que cuando manifestó ante el agente del ministerio público su intención de denunciar la violación, otro agente que estaba supervisando las declaraciones se dirigió a éste, le dijo que la cuestión de la violación no podía ser registrada y arrancó de la máquina de escribir el papel que estaba usando para la declaración. El agente aparentemente agregó que si la mujer quería declarar tenía que narrar dónde estaba y qué estaba haciendo antes de su detención. Luego, según informes se dirigió a la mujer y le dijo: “vete dando cuenta de que estás en la cárcel”. Ante tal respuesta, la mujer se abstuvo de declarar. Ni el agente del ministerio público ni el defensor de oficio que estaba con ella le informaron de sus derechos durante esta etapa del proceso.

El testimonio de otra mujer explica que: “Nos llevaron a una sala a declarar. No sabía de qué me acusaban. Había unos 6 ministerios públicos tomando notas en maquinas de escribir. Se me acercó un MP y me dijo ‘ahora que les dio para pegarse unas a otras’. Me reserve el derecho a declarar.”

AI también ha recibido informes sobre la ausencia de un traductor en el caso de Magdalena García Duran, indígena mazhaua, quien fue detenida el 4 de mayo cuando se dirigía a San Salvador Atenco. Ella fue fuertemente golpeada y amenazada durante su detención y traslado al penal. Tuvo que firmar las declaraciones ministerial y preparatoria a pesar de no comprender bien el español, de no escribirlo y de no tener acceso a un traductor.

Creo que queda bastante clarificada la violencia de Estado. No creo que haya nada que agregar.

* * *

Violencia hacia la mujer (V)

Adriana Mújica M.

 

El Informe de Amnistía Internacional, sobre la violencia ejercida contra las mujeres detenidas en Atenco continúa y señala:

Según los testimonios recogidos por AI el personal médico proporcionó a las personas detenidas tratamiento básico sólo para las lesiones visibles ignorando posibles abusos sexuales a las detenidas. Tampoco practicaron exámenes ginecológicos a las mujeres alegando que ellos no estaban autorizados para realizar estos exámenes y que sólo el médico forense de la PGJEM tenía competencia para hacerlo.

Sin embargo esto tampoco sucedió. Las mujeres que solicitaron una revisión ginecológica para certificar las lesiones de violencia sexual se encontraron con la negativa de los médicos forenses para practicar este tipo de exámenes:

“Cuando llegó al penal el médico legista no quiere certificar que he sido violada. Me parece injusto que no se me crea, que alguien pueda creer que lo invento.”

“Entré al consultorio con una médico. Me dijo que perdía su trabajo y no me quiso reportar las heridas de la violación. Me dijo que en todo el estado no había un ministerio público que tuviera ginecólogo. Como favor me dio una caja de óvulos y un analgésico. Me dijo que no me hacía el examen médico sin una denuncia. No podía entender la razón de lo sucedido.”

La atención psicológica oficial a las mujeres fue, según los testimonios, insuficiente. Durante su estancia en la prisión, una de las mujeres señaló a AI que la psicóloga que la atendió sólo estaba interesada en los hechos de la detención y que cuando ella le contó sobre la violación, la psicóloga le contestó que esto no era lo que ella le había pedido y le dijo que se retirara. Otras mujeres entrevistadas manifestaron su desconfianza ante este tipo de atención ya que según su experiencia no fueron informadas adecuadamente de su propósito. Organizaciones locales de derechos humanos empezaron posteriormente a dar apoyo psicológico a varias de las mujeres detenidas. Por su parte, el Colectivo Contra la Tortura ha iniciado peritajes psicológicos a las mujeres que continúan detenidas con el objetivo de documentar los abusos.

En un primer momento las autoridades del Estado de México negaron públicamente los presuntos abusos sexuales y rehusaron iniciar una investigación alegando que no habían recibido ninguna denuncia al respecto. No fue hasta dos semanas después de las detenciones, el 16 de mayo, cuando la PGJEM abrió una investigación de oficio a partir de la presentación del informe preliminar de la CNDH en el cual se apunta la “probable comisión de conductas de naturaleza sexual atribuidas a los elementos policíacos por 23 detenidas”.

Sin embargo, hasta la fecha las investigaciones sobre los abusos sexuales llevadas a cabo por la PGJEM han sido inadecuadas y –al parecer- sólo se han dedicado a rebatir las denuncias, haciendo recaer la carga de la prueba sobre la mujer. Según el Procurador General de Justicia del EdoMéx, a cargo de la PGJEM, las investigaciones consistieron en mostrar a las mujeres fotografías de agentes de policía que participaron en el operativo, pero las investigaciones no avanzaron debido a que éstas no habían identificado a los agresores. La mayoría de las mujeres señala que mientras duró el trayecto al penal fueron obligadas a subirse la camiseta o blusa que llevaban para que su rostro quedara cubierto imposibilitando la identificación visual de sus presuntos agresores. A pesar de ello, las autoridades no parecen haber implementado ningún otro procedimiento de investigación para dar con los presuntos responsables ni para identificar que policías se encargaron del traslado de un grupo específico de detenidos y detenidas. Al parecer tampoco habrían tomado declaraciones a los testigos ni habrían recabado otra evidencia forense para esclarecer los hechos…

Pero hubo otra instancia gubernamental que también atendió el asunto.

En el caso de Atenco, las mujeres que fueron detenidas presentaron una denuncia penal ante la Fiscalía Especial (de la PGR) que practicó revisiones ginecológicas y fotográficas a las denunciantes. Sin embargo, las autoridades estatales cuestionaron el valor de la revisión, sugiriendo que la víctima pudo haberse generado las lesiones con los dedos y no pudieron avanzar en la investigación porque la victima no identificó su agresor en su declaración.

Según informes, la CNDH no ha permitido a la Fiscalía Especial acceso a los casos investigados por esta Comisión porque considera que sólo compete a las autoridades estatales estar informadas, sin tomar en cuenta, al parecer, las atribuciones de la nueva institución como entidad investigadora.

Todo ello nos lleva, nuevamente, a que el estado mexicano tiene la responsabilidad de prevenir y sancionar la violencia contra la mujer.

Varias normas nacionales e internacionales de derechos humanos establecen garantías para el derecho de la mujer a no sufrir abusos y violaciones sexuales y de proporcionarles un remedio efectivo para tales abusos.

En el caso de Atenco el conflicto de interés dentro de la PGJEM parece impedir una investigación imparcial e independiente y ha resultado, al parecer, en la falta de acciones efectivas para garantizar que los responsables de las agresiones sexuales y violación de mujeres comparezcan ante la justicia. Esto implica que el gobierno mexicano a nivel federal está incumpliendo las obligaciones contraídas a través de la ratificación de normas internacionales y regionales tales normas son la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos así como la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes y la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura. También contraviene las normas específicas sobre la violencia contra la mujer como la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará) y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, ratificadas por México. Y si las autoridades no cumplen su parte, pues menudo paquete nos dejan a la ciudadanía de a pié ¿No cree usted?

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Violencia hacia la mujer (VI)

Adriana Mújica M.

 

Y como la violencia contra las mujeres tiene muchos ángulos, vayan tres testimonios que, por sí mismos, dicen mucho:

“Desde ya quisiera agradecerles por darme esta oportunidad de comentar lo que me sucedió, escribo estas líneas y no puedo evitar llorar.

Hace unos años iba a la casa de una amiga, por diagonal 73. Era temprano, las 20hs aproximadamente, cuando al ingresar al palier un hombre de contextura robusta me tomó por atrás y, con violencia, me manoseo.

Fue una situación muy traumática.

Con una mano me tapaba la boca. Pude, creo, morderle la mano o algo así porque de repente me escucho gritando y llorando, y él salió corriendo.

Unas vecinas de mi amiga me calmaron y llamaron a la policía, la cual no dio importancia al hecho, ya que no me habían violado. Creo que me sentí peor.

Puede este hecho no tener trascendencia pero durante un tiempo transpiraba profusamente o me paralizaba si escuchaba a alguien atrás mío, el sobresalto era permanente.

Me había pasado el hecho de que hombres me seguían y era una situación desagradable, pero esto si que cambio por un tiempo mi accionar.

Siempre comento con mis amigas y mi familia la poca información de violadores o abusadores en la ciudad. Creo que no existe una estadística certera y seria.

¿Cómo esta ciudad puede tener tantos hombres pervertidos, abusadores y violadores?, es un interrogante que siempre tengo, habría que realizar un análisis serio de esta situación.

Gracias por permitirme contar lo que me pasó, ya que cometí el error de no realizar la denuncia, porque la policía dijo que no era un hecho importante. Hoy sé que siempre es mejor denunciar.

Atentamente, Andrea”

Va el segundo:

“Cuando tenía unos 13 años, iba caminando por la banqueta de una gran avenida.

El caso es que, de repente, se orillo un automóvil a mi lado.

Lo iba conduciendo un hombre de unos treinta años que me preguntó dónde quedaba no sé qué dirección.

Yo, inocentemente, le empecé a contestar cuando observé que el fulano se estaba acariciando su pene que traía salido del pantalón.

Recuerdo que me costó trabajo entender que el tipo no me estaba preguntando nada sino que quería que lo viera hacer lo que estaba haciendo y, supongo, que hasta tenía alguna otra intensión.

Tarde un momento en reaccionar, le dije una grosería y pegué la carrera.

Desafortunadamente el coche iba en la misma dirección que yo y se fue junto a mi por un trecho, hasta que llegamos a la parada donde dos personas estaban esperando el autobús.

Me paré junto a esas personas y, con lágrimas en los ojos, les dije lo que estaba pasando.

Pero, al darse cuenta de lo que hacía, el coche dio un acelerón y se perdió de mi vista.

Yo me eché a correr rumbo a mi casa, a la que llegué temblando de miedo, de rabia y de impotencia. Entré en la casa y me fui directo al baño a vomitar.

Recuerdo que la trabajadora doméstica de mi casa me dijo que eso era lo que me sacaba por andar de minifalda y sola. Yo me sentí mucho pero mucho peor. Me preguntaba: ¿A poco eso les pasa a mis hermanos cuando juegan en shorts o hasta sin camisa en la calle? ¿Por qué cualquier enfermo cree que nos puede hacer eso a las mujeres? ¿Quién les ha dicho que a nosotras se nos antojan sus cosas?”

Y va el tercero:

“Tengo un maestro que, cada vez que nos imparte clase, hace como que se le cae cualquier cosa del escritorio y, al agacharse para recogerla, nos voltea a ver las piernas a todas las que llevamos falda.

Más de una vez hemos comentado entre nosotras lo incómodo de la situación y, entonces, un día decidimos ir con el director de la Escuela y decirle lo que estaba pasando.

¿Y saben qué nos dijo? Pues que eso nos sacábamos por usar las faldas tan cortas. Que eso nos debería de enseñar que el uniforme escolar tiene una medida reglamentaria de dos dedos por encima de la rodilla. Que lo que deberíamos de hacer esa usar la falda más larga, aprender a sentarnos ‘correctamente’ con las pierdas cruzadas como ‘señoritas decentes’ y que, en todo caso, además de todo eso, pues podíamos usar un short bajo la falda”

En fin, que se supone que las mujeres tenemos derecho a una vida libre de violencia y, por más que le busco, no veo que eso sea ninguna realidad.

¿Tiene usted algún testimonio que quiera compartir? Si me lo envía, con gusto lo difundo.

* * *

Violencia hacia la mujer (VII)

Adriana Mújica M.

 

Uno de los puntos medulares en la violencia hacia la mujer (y que muy poco se toca) es el que se refiere a la violencia en el noviazgo y que, a fin de cuentas, establece buena parte de las bases de la violencia posible en el resto de las relaciones de pareja que se tengan en la vida. Es por ello que me parece un importante tema para continuar con esta serie de artículos que cubrirán la campaña internacional de 16 días de activismo contra la violencia hacia la mujer.

Usualmente se señala que están muy enamorados, cualquiera puede verlo. En la escuela y cuando salen con sus amigos, siempre buscan estar juntos. Presumen su amor. Pero si él o ella coquetea con otras personas, entonces se enojan, se insultan y pueden incluso abofetearse. Se habla de que no hay nada como la reconciliación. Pellizcos en los cachetes, leves nalgadas o palmaditas en la nuca o espalda. Y las palabras de siempre: “no pasa nada. A ti es a quien quiero”, y asunto arreglado. Tan recurrente es la escena que ambos se acostumbran. Con algunas variantes, así nace la violencia en el noviazgo. Si se permite, del reclamo se pasa al insulto; del insulto a los golpes; de los golpes al sometimiento y de éste a la violencia sexual.

Las conductas violentas en las relaciones de pareja no formales no son percibidas como tales ni por las víctimas ni por los agresores, pues generalmente se confunden maltrato y ofensas con amor e interés por la pareja. Hasta se dice “si me cela es porque me quiere”.

A partir de los 15 años y hasta antes del matrimonio, los adolescentes y jóvenes comienzan a aprender y ensayar nuevas formas de comportamiento acordes con su creciente libertad e independencia de la familia de origen, para adoptarlas en su vida futura.

Especialistas que se reunieron para analizar el tema plantearon que “el estar enamorados en ocasiones nos hace perdernos un poco y no darnos cuenta que ejercemos violencia o somos víctimas de esta. La violencia en el noviazgo es sutil y eso lo torna en un problema mucho más difícil. Este problema es el resultado de la falta de equidad de género y carencia de apoyo familiar, pues de acuerdo a datos arrojados por encuestas, a mujeres jóvenes, nueve de cada diez indicó que padece golpes, exclusión y marginación dentro de sus relaciones de noviazgo. Esta situación es heredada, en gran parte, del modelo de amor, sumisión y dolor de los patrones sociales dictados por una cultura machista.

La violencia en el noviazgo ocurre en una relación amorosa en que una de las personas abusa física, emocional o sexualmente para dominar y mantener el control sobre la otra.

Algunos síntomas que indican que una persona es violenta son cuando alguien de la pareja no pide disculpas tras haber tenido un problema, cuando no se reconocen las cualidades del otro u otra, escándalos públicos o privados.

Una de las especialistas señaló puntualmente que: “Si seguimos con los mensajes que envía la sociedad por todos los medios como canciones donde predomina la imagen de que amor es dolor, que es importante ser virgen, o que llegará algún día nuestro príncipe azul, nunca se podrá erradicar este concepto de amor es dolor y seguiremos con relaciones violentas”.

Clara muestra de esta problemática fue la encuesta realizada por la Organización Mundial de Salud (OMS) que indicó que el 50 por ciento de las mujeres en el mundo iniciaron su vida sexual presionadas.

De igual forma, de acuerdo con otros datos el 25 y 40 por ciento de pacientes que ingresan al área de emergencias de distintos hospitales, son víctimas de violencia por parte de sus parejas, y una de cada 4 mujeres es atacada físicamente por su pareja.

Otros datos estadísticos señalan que el porcentaje de casos de violencia no sexual durante el cortejo es de un 9 a un 65%, dependiendo si las amenazas o agresiones emocionales o verbales fueron incluidas en la definición.

Otro estudio, realizado a adolescentes de nivel secundaria, señaló que el 25% había sido víctima de violencia no sexual y el 8% había sido víctima de violencia sexual.

Los estudios de estudiantes de educación media y universitaria, sugieren que ambos sexos infligen y reciben violencia en el noviazgo en igual proporción, pero que la motivación de la violencia en las mujeres es normalmente en defensa propia. Otros estudios han indicado que las mujeres y las niñas han sido víctimas de violencia en doble proporción que la de los hombres y niños, y que las mujeres reciben un daño más significativo que los hombres.

Una reciente encuesta de la National Crime Victimization arrojó que las mujeres tenían 6 veces más probabilidades que los hombres de experimentar violencia a manos de un amigo íntimo. La categoría de amigo íntimo incluye a cónyuges y ex cónyuges, novios, novias y amigos de citas, no importando si cohabitan o no.

Por ello se torna vital entender claramente que si una persona violenta a otra (en cualquiera de las formas posibles) es no es ni será jamás una muestra de amor.

Pero ¿cómo poder identificar plenamente la violencia en el noviazgo y qué hacer al respecto? Que tal que vemos eso en la siguiente colaboración.

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Violencia hacia la mujer (VIII)

Adriana Mújica M.

 

Estudios especializados sobre la violencia hacia la mujer, en el noviazgo, señalan que las consecuencias en la persona agredida son depresión, baja autoestima, aislamiento, fracaso escolar y bajo rendimiento laboral. Pero es tan cotidiana esta violencia que no es fácil detectar su trascendencia social, y es esta invisibilidad uno de los factores que desencadenan la violencia intrafamiliar.

Según la especialista Georgina Zárate en la adolescencia está presente un mecanismo sicológico que favorece relacionarse de manera agresiva: “Es más fácil para los chavos acercarse al otro con actitudes violentas. Si observas en una secundaria, chavas y chavos se pegan entre sí constantemente, como si fuera un juego, porque para ellos es más fácil tocarse golpeándose que tocarse amorosamente; lo que quieren es acariciarse porque andan cachondos, pero como no se atreven a reconocer sus deseos, porque eso les causa bronca, entonces la forma de hacerlo es por medio del golpe.”

Sin embargo, ello dificulta el reconocimiento pleno de lo que propiamente es la violencia en el noviazgo.

El maltrato a la pareja puede ocurrir en cualquier momento, desde la primera salida juntos o hasta transcurridos varios años de relación, pero su diferencia ante otros tipos de violencia es el proceso de socialización y adquisición de roles de género en los adolescentes, mismos que determinan el dominio como comportamiento masculino y la sumisión como femenino, sumados a la idealización del “amor romántico” que todo lo puede superar y todo lo perdona, así como por el carácter informal y efímero de la relación. Y aunque tales patrones de conducta sean parecidos a los identificados en parejas formales, no es frecuente que el noviazgo presente niveles de maltrato físico similares a los del matrimonio o relaciones equivalentes; es decir, entre novios los golpes no son la manifestación ordinaria de la violencia, pero en el ámbito del “juego” son comunes, y eso lleva a que su gravedad parezca mínima.

¿Cómo reconocerla entonces?

La violencia en el noviazgo se puede evaluar con el siguiente test al que, a cada pregunta del primer grupo, hay que ponerle un valor de 2 puntos si es frecuentemente, 1 punto si es a veces y 0 puntos si la respuesta es NO.

¿Cuándo se dirige a ti te llama por apodo que te desagrade y/o con groserías? ¡te ha dicho que andas con alguien más, que tus amigos quieren andar contigo? ¿Te dice que tiene otras chavas, o te compara con sus ennovias? ¿Todo el tiempo quiere saber qué haces y con quién estás? ¿Te critica, se burla de tu cuerpo y exagera tus defectos en público o en privado? ¿Cuándo estás con él te sientes tensa y sientes que hagas lo que hagas él se molestará? ¿Para decidir lo que harán cuando salen, ignora tu opinión? ¿Te pregunta si tuviste relaciones sexuales con tus exnovios?

En este siguiente grupo de preguntas los valores son de 5 puntos si es frecuentemente, 3 puntos si es a veces y 0 puntos si la respuesta es NO.

¿Sientes que has cedido a sus deseos sexuales por temor o por presión? ¿Si tienen relaciones sexuales te impide o condiciona el uso de anticonceptivos? ¿Te ha obligado a ver pornografía y/o tener prácticas sexuales que te desagradan? ¿Te ha presionado u obligado a consumir droga? ¿Si toma alcohol o se droga se comporta violento contigo o con otras personas? ¿A causa de los problemas con tu novio has tenido una o más de las siguientes alternaciones: pérdida de apetito y/o de sueño, malas calificaciones, abandono de la escuela, alejarte de tus amigos/as? ¿Cuándo se enojan o discuten has sentido miedo profundo y hasta que tu vida está en peligro? ¿Te ha golpeado con alguna parte de su cuerpo o con un objeto? ¿Alguna vez te ha causado lesiones que ameriten recibir atención médica, psicológica, jurídica y/o auxilio de la policía? ¿Cuándo se han enojado o les has dicho que quieres terminar te ha amenazado con matarse o matarte? ¿Después de una discusión fuerte él se muestra cariñoso y atento, te regala cosas y te promete que nunca más volverá a suceder y “todo cambiará”?

Ahora debes sumar los puntos obtenidos y ver la siguiente tabla.

De cero a cinco puntos es una relación que no presenta violencia.

De 6 a 15 puntos se trata de una relación con primeras señales de violencia.

De 16 a 25 puntos significa que ya estás involucrada en una relación de abuso. Se trata ya de una relación de cuidado y una señal de que la violencia puede aumentar en cualquier momento.

De 26 a 40 puntos estás viviendo una relación de abuso severo. Este tipo de relaciones están en una etapa muy difícil porque es ususal que sientas miedo y vergüenza por lo que vives. Es necesario que busques ayuda.

Más de 41 puntos se trata de una relación violenta. Es urgente que te pongas a salvo, que tomes medidas de seguridad y que recibas inmediatamente ayuda especializada. Tu salud física y/o mental puede quedar severamente dañada y, de hecho por fuerte que esto suene tu vida está en peligro.

En cualquier caso, si descubres que estás en una situación de violencia en el noviazgo, te sugiero que llames al 01 800 911 15 15 donde pueden ayudarte.

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Violencia hacia la mujer (IX)

Adriana Mújica M.

 

Pero bueno, a todo esto que hemos estado señalan sobre la violencia hacia la mujer, vale la pena señalar que, según los estudios, el 99 por ciento de las personas que las agraden son varones.

Por una parte, según estudios, existen una serie de creencias en la mente del agresor. Por ejemplo, muchos varones piensan que no es solo su derecho, sino su deber golpear físicamente a sus mujeres. Otros entienden que es legítimo si son provocados. A estos no les gusta golpear, y buscan justificarse aduciendo que si lo hicieron fue por que querían que se les escuchara u obedeciera; se cuidara mejor de sus hijos, de la casa o de sí mismos; cesaran de gritarles o molestarles; les dejaran de responder.

En términos generales estos varones agresivos no se ven a sí mismos como responsables de la violencia sino que creen que fueron provocados y, por lo tanto, consideran que se justifica lo que hagan.

Respecto a los patrones de agresión sexual, se ha encontrado que muchos varones sostienen una serie de mitos. Entre los más comunes podemos considerar los siguientes: “A las mujeres les gusta en alguna medida ser forzadas a tener relaciones sexuales; es imposible violar a una mujer que se resista de verdad; si la mujer ha excitado sexualmente al hombre o ha aceptado determinados juegos sexuales, es legítimo que este la presione la fuerce para continuar; sólo las mujeres <<promiscuas>> o de <<mala reputación>> son violadas; la típica violación conlleva actos extremadamente violentos; la típica violación es cometida por extraños.”

Así, en base a esa serie de complejidades mentales, los agresores intentan justificar sus actos.

Y aunque se ha visto que no existe un perfil claro o único del varón agresor, si se ha encontrado que la mayor parte de ellos tienen una “historia de vida” con las siguientes características: Haber vivido en la familia de origen la violencia y las agresiones sexuales se convierte en un importante factor de riesgo respecto a la posibilidad de agredir sexualmente y/o de otros modos a la pareja; haber sufrido abusos en la infancia; la existencia de una fuerte necesidad de controlar y dominar en la relación; los agresores alcanzan generalmente mayores niveles de excitación ante estímulos sexuales; tienen fantasías agresivas sádicas; déficit en capacidad para reconocer y expresar sentimientos, y ser empáticos con los otros; creen en la violencia como medio para solucionar conflictos interpersonales.

Según la Profesora de Pediatría, Elsa Lerda, la violencia es, en última instancia, la patología y la desviación del instinto natural de la agresión.

Cuando a una persona no se le educa en el manejo de sus emociones, en este caso la ira, esta se acumula como fuerza bruta, que estalla ante cualquier oposición a los deseos de su dueño.

Por ello no es posible definir exactamente el perfil de una personalidad violenta.

Sin embargo, en la mayoría de ellos abundan los rasgos psicopáticos, son manipuladores, seductores, mitómanos, se muestran como víctimas, etcétera.

Además, hay es una serie de indicadores que permiten identificarlos claramente.

Los rasgos más comunes se encuadran en una inmadurez de la personalidad muy grave.

Actúan como niños caprichosos y crueles. Son más importantes para ellos sus deseos o necesidades que el vínculo con los demás.

No pueden ponerse “en el lugar del otro”, sólo lo ven como un objeto, “la cosa” que les puede servir para satisfacerse. Aun cuando lo que ansían sólo sea un “lugar”, “algo” donde descargar su bronca.

Su inteligencia está centrada en aquellos temas que les reportan algún beneficio: conocen las leyes, elaboran un florido discurso de justificaciones: la pobreza, la desocupación, la separación de sus padres… Se manejan aceitadamente en el medio social circundante. Utilizan a su favor elementos culturales, mediáticos y demagógicos que apuntalan su posición de “víctimas” de alguien o de algo (por ejemplo el Estado), y abonan su resentimiento y su casi nula tolerancia a la frustración y a la responsabilidad. Carecen de auténtica autocrítica (la culpa siempre es de otros) y no muestran capacidad de responsabilizarse por los demás, sobre todo cuando éstos dependen de ellos.

Una investigación de los psicólogos norteamericanos, el Dr. John Gottman y el Dr. Neil Jacobson, señala que los hombres maltratadores caen en dos categorías: Pit bull y Cobra; con sus propias características personales:

El agresor PIT BULL: Solamente es violento con las personas que “ama”; es celoso y tiene miedo al abandono; priva a la pareja de su independencia; vigila y ataca públicamente a su propia pareja; su cuerpo reacciona violentamente a una discusión; tiene potencial para la rehabilitación; no ha sido acusado de ningún crimen; posiblemente tuvo un padre abusivo.

Por su parte el agresor COBRA es agresivo con todo el mundo; propenso a amenazar con cuchillos y revólveres; se calma internamente, según se vuelve agresivo; es difícil de tratar en terapia psicológica, insiste en que su pareja haga lo que él quiere; posiblemente haya sido acusado de algún crimen; abusa de alcohol y drogas.

El PIT BULL espía a su mujer, es celópata, cae bien a todas las personas, excepto a sus novias o esposas. El COBRA es un sociópata frío, calculador, puede ser cálido. El maltrato no cesa por sí solo.

¿Qué hacer si conocemos a un varón con éstas características? Pues si se trata de un PIT BULL, lo mejor es buscar la forma de que obtenga ayuda antes de que pueda dar un paso a convertirse en un agresor COBRA. Si en cambio se trata ya de un COBRA, lo mejor es alejarnos inmediatamente de él. Buscar ayuda nosotras antes de que el agresor nos lo impida.

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Violencia hacia la mujer (X)

Adriana Mújica M.

 

Creo que, ahora, vale la pena ver qué es, de qué se trata y qué se puede hacer ante la violencia familiar, según documento del Instituto Nacional de la Mujer.

En primer término, la violencia familiar tiene una raíz cultural histórica. Durante mucho tiempo nuestra sociedad ha sido muy machista, el hombre ha creído que tiene el derecho primario a controlar, a disciplinar con severidad, incluso a abusar de la vida de la mujer y de los hijos. Eso ha sucedido bajo la apariencia del rol económico del hombre, proveedor de la alimentación.

En segundo término, la violencia familiar tiene otra causa: la cultura actual. El modelo presente de nuestra sociedad está reforzando el uso de la fuerza para resolver problemas.

Por eso el abusador usa la fuerza física para mantener el poder y el control sobre la mujer, porque ha aprendido que la violencia es efectiva para obtener ese fin de control, y como ellos no han sufrido las consecuencias, las mujeres se han callado.

La violencia familiar ha existido desde el principio de la historia y en todas las partes del mundo, y ocurre en todos los niveles de la sociedad, no solamente en las familias pobres, en las familias ricas sucede lo mismo. Lo que pasa es que una mujer que le dieron una paliza, si tiene dinero, se va tranquilamente a una clínica privada y aquí no ha pasado nada. Las que son pobres tienen que ir al hospital y ahí los médicos dicen: “a esta mujer la han golpeado” y la policía se encarga de eso.

Otra causa de este problema son los medios de comunicación. En la televisión la violencia es glorificada, los estereotipos que nos presentan son de violencia sexual. Cuando un marido por la fuerza tiene relaciones sexuales con su esposa, eso se llama violencia sexual, porque la mujer también tiene derecho a decir que no.

Si a una mujer se le insulta, se le veja, se le dicen barbaridades, no se le habla y solamente se le utiliza para tener relaciones sexuales con ella ¿cómo va a querer estar con su marido? Tiene el derecho a decir no, todo el derecho del mundo.

En muchos casos también la violencia familiar está íntimamente relacionada con el alcohol y las drogas ¿qué sucede cuando una persona consume drogas o se emborracha? En el cerebro tenemos los centros vitales, comunes en los animales y ahí está el centro de la agresividad o del instinto agresivo. Todos los hombres y mujeres lo tenemos, pero en la persona normal, esos centros se comunican con la parte consciente del hombre, lo cual diferencia al hombre del animal.

Cuando uno toma alcohol o usa cualquier droga, estos centros se quedan como un barco sin timón y ¿qué le pasa a un barco sin timón? Pues se estrella contra la roca, sobre todo la agresividad, el instinto sexual queda sin control. Entonces viene el golpear a la mujer, a los hijos bajo el efecto del alcohol y el abusar de la mujer sexualmente.

Este problema de proporciones increíbles ha aparecido cada vez con mayor frecuencia donde la víctima ha vivido miedo, dolor, impotencia, la enfermedad y muchas veces la muerte. De tal manera que se encuentra presente en muchas familias mexicanas, tiene su origen en el seno familiar, se ejerce y transmite entre las y los integrantes del grupo familiar con las variables que la caracterizan: golpes, abusos emocionales y sexuales, así como el ejercicio de poder y sometimiento.

Lo anterior da lugar a la existencia del agresor y un agredido; dependiendo para esto del sexo; lugar que ocupa en la estructura jerárquica de la familia de los aprendizajes; de la historia individual y sobre todo de ciertos valores culturales, principalmente de los modelos de sumisión femenina y dominación masculina.

La definición precisa de la violencia familiar es: aquel acto de poder u omisión intencional, recurrente, o cíclico, dirigido a dominar, someter, controlar o agredir física, verbal, psicoemocional o sexualmente a cualquier miembro de la familia dentro o fuera del domicilio familiar, que tengan parentesco o lo hayan tenido por afinidad, civil, matrimonio, concubinato o mantengan una relación de hecho, y que tiene por efecto causar daño.

El importante resaltar que usualmente una mujer víctima de violencia familiar genera sentimientos de culpa; sentimientos de vergüenza; inseguridad; baja autoestima; minusvalía; dependencia económica; cambios bruscos en el comportamiento; conducta agresiva-destructiva; depresiones y sumisión.

Por ello, si sabes de una mujer que esté sufriendo este tipo de violencia, vale la pena que le acerques información y le sugieras que busque ayuda.

Recuerda que también puedes llamar al 01 800 911 15 15 y comentar el caso que conoces para que te asesoren sobre cómo ayudarla.

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Violencia hacia la mujer (XI)

Adriana Mújica M.

 

Una parte importante sobre la violencia contra la mujer, ejercida en la pareja o el contesto familiar, tiene que ver con lo que se llama el Círculo de la violencia.

Al principio de la mayoría de las relaciones es muy difícil que aparezca la violencia. Durante este periodo se muestra un comportamiento positivo. Cada miembro de la pareja muestra su mejor faceta. La facilidad que la pareja termine es muy alta si ocurriera algún episodio de violencia.

Sin embargo, ya sea en el noviazgo o en las relaciones “formales” o permanentes, puede llegar un momento en que se de un episodio de violencia.

Por ello los especialistas se han dado a la tarea de estudiar la forma en que estos episodios suceden y han encontrado que existen tres fases.

La primera fase se denomina de “Acumulación de tensión”.

Usualmente es la Fase más larga y de una aparente calma.  Sin embargo, en la mente del agresor empieza a haber molestia por diferentes cuestiones que no manifiesta de manera clara ni abierta.

Las molestias que siente el agresor pueden estar directamente vinculadas con la pareja o bien ser absolutamente externas (desempleo, problemas en el trabajo, de tránsito, etc.)

Con ello va acumulando tensión. Como usualmente el agresor no sabe manejar de manera positiva este tipo de tensión ni darle los causes adecuados, ésta tensión termina por estallar.

Esta fase difiere según los casos, la duración puede ser de semanas, días, meses o años.

La segunda Fase es denominada “Episodio agudo de violencia”.

Aparece la necesidad de descargar las tensiones acumuladas. El abusador hace una elección acerca de su violencia.

Los primeros episodios violentos pueden consistir en el aumento del comportamiento agresivo, más habitualmente hacia objetos que hacia la pareja, por ejemplo, dar portazos, arrojar objetos, romper cosas, etc.

Posteriormente, los siguientes episodios violentos pueden moverse desde las cosas hacia la pareja y puede haber un aumento del abuso verbal y del abuso físico.

Usualmente la parte agredida de la pareja intenta modificar su comportamiento a fin de evitar la violencia, por ejemplo: mantener la casa cada vez más limpia, a los chicos más silenciosos, etc. (atender aquellos que aparentemente fueron los “causantes” del episodio violento)

El abuso físico y verbal continúa, la mujer comienza a sentirse responsable por el abuso, el violento se pone obsesivamente celoso y trata de controlar todo lo que puede: el tiempo y el comportamiento de la mujer (cómo se viste, a dónde va, con quién está, etc.)

El violento trata de aislar a la víctima de su familia y amistades. Puede decirle, por ejemplo, que si se aman no necesitan a nadie más, o que los de afuera son de palo, o que les llenan la cabeza o que están locos, etc.

Llega un momento en que el agresor decide tiempo y lugar para el episodio, hace una elección consciente de qué parte del cuerpo golpear y cómo lo va a hacer.

Como resultado del episodio la tensión y el estrés desaparecen en el abusador. Si hay intervención policial él se muestra calmo y relajado, en tanto que la mujer aparece confundida e histérica, debido a la violencia padecida.

La tercera Fase es la Etapa de calma, arrepentimiento o “luna de miel”.

Se caracteriza por un periodo de calma no violento y muestras de amor y cariño. En esta fase, puede suceder que el golpeador tome a su cargo una parte de la responsabilidad por el episodio agudo, dándole a la pareja algún cambio de la situación a futuro. Actúan como si nada hubiera sucedido, prometen buscar ayuda, prometen no volver a hacerlo, piden una oportunidad, etc.

A menos que el golpeador reciba ayuda para aprender métodos apropiados para manejar su estrés, esta etapa sólo durará un tiempo y se volverá a comenzar el ciclo, que se retroalimenta a sí mismo. Luego de un tiempo se vuelve a la primera fase y todo comienza otra vez.

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Violencia hacia la mujer (XII)

Adriana Mújica M.

 

Una de las grandes preguntas que se hacen cuando se habla de violencia reiterada hacia una mujer es el por qué se mantiene ella en esa relación.

Ante esa duda, los especialistas han buscado entender la situación y han encontrado que la persona que recibe el abuso se vuelve codependiente del agresor (aún después de ser golpeada). Es frecuente escuchar esta frase “es que yo lo quiero tanto”. Personas que llevan años soportando golpes dicen: “yo no me separo porque lo quiero”. Es imposible querer a una persona que te está tratando como un animal, eso es depender de esa persona.

Otro motivo por el cual las mujeres no se separan del problema de codependencia es que las anima la familia, lamentablemente la iglesia y hasta las instancias de “procuración de justicia” a permanecer con el abusador.

Es de lo más común que las familias les aconsejen que mantengan esa relación, por ejemplo, “por el bien de los hijos” o ¿Cómo vas a dejar a tus hijos sin padre?, les dicen.

A veces las mujeres no se separan y sufren en silencio por miedo a perder su seguridad económica y la de sus hijos, otras veces no se separan debido a las amenazas de más violencia o de muerte si intentan separarse “si le dices algo a la policía, te mato”.

Cuando se pregunta a algunas mujeres por qué aguantaron maltrato durante años, la respuesta más común es la siguiente: “por mis hijos; no quería que se criaran sin un padre”. Parece una respuesta válida pero si la analizamos profundamente descubrimos su inconsistencia. Sucede que en una situación de violencia los hijos también sufren. Cuando una persona cae a ese nivel su capacidad de decisión queda prácticamente anulada porque el principio vital está herido de muerte. Si a una persona así aplastada se le amenaza con un “si me denuncias, te mato”, se sentirá paralizada.

Por otra parte la Iglesia juega un factor fundamental para que las mujeres aguanten la violencia de su pareja con el argumento de que “una se casa para toda la vida, hasta que la muerte les separe”. Es muy común que representantes de la Iglesia aconsejen a las mujeres “apoyar a sus maridos ante lo que está sucediendo, ser tolerantes y hasta poner la otra mejilla”.

Por último, mujeres que se han decidido a denunciar una agresión de su pareja para poner un alto reportan que algunos Ministerios Públicos les han dicho: “Hay señora nosotros estamos para cosas más importantes; mejor perdónelo. Tenga en cuenta que eso no es un delito mayor y que pronto estará libre y tal vez más enojado. Y qué les va a decir a sus hijos, que usted fue capaz de meter a su padre a la cárcel por una “babosada”.

Muchas mujeres han intentado de diversas maneras evitar las situaciones de violencia, ya sea modificando conductas propias, a través de separaciones temporales, recurriendo a distintos profesionales e inclusive a sistemas de seguridad y justicia sin lograr cambios. Sumemos la presión social fundada en mitos como, “algo habrá hecho”, “la mujer buena tiene que sacrificarse por la familia”, “los celos son una manifestación de amor” y tendremos una mujer muy confundida, convencida de que nada de lo que haga podrá modificar la situación.

Es por ello que se debe motivar a las personas que se encuentran involucradas en la violencia a obtener ayuda.

Se debe entender que continuar permitiendo este tipo de abuso tiene grandes consecuencias, tanto para ellas como para los niños, muchas de las cuales sólo se manifestarán pasados muchos años. En muchos casos los niños se convierten en victimarios y las niñas en víctimas igual que su mamá, los niños que crecen en hogares violentos tienen una gran probabilidad de ser criminales en el futuro.

Por otra parte, la mujer violentada requiere de asesoría y acompañamiento puntual para realizar todo lo que tendrá que enfrentar para poner un alto a la violencia y buscar modificar, de forma positiva, su vida.

Asistir a una terapia, interponer una denuncia, establecer una casa sin esa pareja violenta, etc. son pasos que pueden ser difíciles pero, en la mayoría de los casos, son pasos necesarios.

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